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MARCAPOMACOCHA-YANTAC-CULLHUAY-CANTA

Participantes
Saul Barak
Percy Rodríguez
Patricia Villalobos Richard Barak
Juan José Panta Carlos Suarez
Julio Roldán Gustavo Astupiña
Javier Ugarte
Paolo Ugarte
Jaime Basaldúa
Hugo Marcellino
Francisco Ramos ------------------
...pero salió el sol, y se elevó sobre la tierra siempre mas, secando el frío nocturnal, dando calor, regocijando al mundo con su prodigar, irguiendo al viento el poderoso corazón...

Por Percy Rodríguez.

Miércoles 31/10/01:

Eran las 8:30pm y el terminal de Yerbateros hervía de gente; era claro que nadie estaba dispuesto a quedarse en Lima el largo fin de semana. El único inconveniente de esto es que como siempre los transportistas aprovecharon para incrementar sus tarifas hasta en 300%, seguro que no viajaríamos en un bus, rumbo a San Mateo de Huanchor, pagando S/ 30. Afortunadamente un taxista nos comentó que frente al terminal, funcionaba un cuasi terminal de camiones, que por S/ 8 te llevaba sin ningún problema a tu destino. Entonces mochilas al hombro, nos dirigimos hacia allá. Camiones con carrocerías de madera hacían fila en una estación de servicio y apenas uno de ellos habría sus puertas posteriores, luego se repletaba de gente. Minutos después subimos a uno, con un toldo por techo, sin ventanas, a oscuras y con un mal olor. Pero bueno, ya estábamos en camino. Viajábamos Julio, Gustavo, Carlos, Francisco, Jaime, Hugo y yo. En alguna otra parte de la ciudad, Saúl, Richard, Juan José, Patty, Javier y su hijo Paolo, también hacían lo propio para llegar al punto de encuentro, San Mateo. Y como del viaje no hay nada bueno que decir, mejor no digo nada, solo que ya era la medianoche y aun continuábamos viajando.

Jueves 01/11/01:
Cerca de la 2:30am el camión redujo la velocidad y se estacionó, habíamos llegado. Las puertas se abrieron y al instante saltamos, aliviando de golpe las piernas entumecidas, los ojos aturdidos y la nariz insensible. Minutos antes ya había llegado el otro contingente de caminantes. En primera intención fuimos a un hotel a media cuadra de la plaza. Luego de que no nos abrieran las puertas y en vista que faltaban solo unas horas para el alba, decidimos pasar la noche a cielo raso. Descansamos lo que pudimos, algunos mas otros menos. A las 6am levantábamos el campamento de la plaza, la gente ya empezaba a circular. Luego nos dirigimos al mercado: sopa de cabeza, café y panqueques, listo, en paz con el estomago. El paradero hacia Marcapomacocha se encuentra a una cuadra del puente, hacía allá vamos. Los buenos amigos de Serviperú nos acompañan con mucho entusiasmo en esta aventura. Aunque el día nublado no nos presagia nada bueno, al partir la combi (solo sale uno por día, S/9,) el animo anda en su lugar. El viaje transcurre por la carretera central hasta un kilómetro después del asiento minero de Casapalca, luego torna a un desvío a la izquierda. A partir de este punto la carretera es afirmada, pero está en buen estado, esta sube progresivamente en un terreno ondulado y es frecuente ver al borde de la trocha, manadas de llamas, alpacas y ovejas pastando apaciblemente y sin inmutarse ante el ruido de los vehículos. Al fin la subida termina en el abra Antacasha (4800msnm) y ahora toca descender en una geografía similar a la que dejamos atrás. Lo primero que salta a la vista es el hermoso nevado Rajuntay o Rajunte como figura en los mapas, este no tiene nada que envidiar a los tan mentados Alpamayo o Ama Dablam, bellezas mundiales. Y como tenía que ser, hacemos un alto en el viaje para la foto de rigor. Seguimos descendiendo hasta el cruce de dos carreteras, la que lleva a Marcapomacocha y la que baja a Santa Eulalia. Ahora el terreno es casi plano. De pronto empieza a caer la lluvia, primero suavemente, luego cada vez mas fuerte, y después calma tan rápido como apareció. Ya estamos a la altura de Sangrar, un monumento a la batalla del mismo nombre. La hacienda Sangrar, nombre premonitorio para las tropas peruanas que tuvieron que emprender retirada con muchas bajas ante la inminente derrota por parte del regimiento Buin al mando del capitán Araneda del ejercito chileno. Pasamos lejos de este monumento, así como lejos quedó ya, la Guerra del Pacifico. Damos la ultima curva y a nuestros ojos aparece el pueblo de Marcapomacocha, un pueblo pequeño, básicamente ganadero, y al pie del hermoso lago del mismo nombre, originado por los deshielos del nevado Mishipañahui, en castellano Ojo de Gato(5250msnm). Por aquí no ha llegado la actividad minera, lo que equivale a decir que no ha llegado la contaminación, bien por eso. A la 1:30pm ya estamos en la plaza del pueblo. El sol aunque tenue, tiene fuerzas suficientes para calentar el ambiente y combatir el viento helado. Una vez sacudidos del largo viaje nos dirigimos al comedor comunal donde por 3 soles se suele almorzar bien. Ahora nuevamente el cielo amenaza lluvia, y pronto lo cumple, luego de eso viene el granizo y después la nevada con rayos y truenos incluidos, algunos tan fuertes que parecen que revientan en la puerta del comedor. Y como con este clima no era recomendable acampar, Juan José se encargó de conseguirnos un lugar donde pasar la noche. En el atardecer nos informamos que el clima cambiaba así bruscamente a partir de la 1 o 2 de la tarde, lo que reducía el tiempo por día recomendable para caminar. Luego de habernos instalado para pasar la noche ya eran las 7pm, hora de volver al comedor a darle curso a todas las truchas del lago. Era noche de luna llena y a esta altura parece ser mas bella aun. Ya es tiempo de descansar, mañana caminaremos 13km hasta el pueblo de Yantac a 4620msnm y si queremos viajar sin lluvia, tendremos que salir muy temprano.

Por Hugo Marcelino.

Viernes 02/11/01:

Luego de una larga y fría noche, llegó el momento de levantarse, cosa que todos tomamos de buen agrado, así que después de desperezarnos y asearnos procedimos a desayunar. He de reconocer que este es el desayuno más "variado" que he visto, pues contaba con unos platillos que no tienen nada que envidiar al mejor cheff (desde los fideos con salsa de tomate a lo Percy Rodríguez o el cebiche de atún en lata a lo Francisco, realmente buenos). Satisfecho el hambre, empacamos y ya estábamos listos para iniciar la larga jornada del día. El paisaje que nos recibió era realmente bello, pues los cerros que rodean el pueblo y la laguna estaban completamente blancos, cubiertos por la nevada del día anterior, lo que le daba cierto aire ártico que nuestros ojos citadinos no están acostumbrados a ver, así que ni cortos ni perezosos desenfundamos las cámaras fotográficas y sacamos las primeras fotos del día. El camino que une Marcapomacocha con Yantac (el siguiente pueblo del recorrido) es una carretera afirmada, que une los pueblos de la zona. Esto nos permitió tener una caminata tranquila, aunque valgan verdades, caminar en altura es cada vez una nueva experiencia, pues uno se fatiga más y se requiere de un buen estado físico. En el grupo había que destacar a nuestros amigos cyborgs Julio, Francisco y Carlitos, quienes hicieron gala de su experiencia como trekkers y nos dieron una muestra de capacidad física. Más o menos a 3 km. del pueblo de Marcapomacocha se encuentra la laguna represada de Antacoto (Marca II), una gran obra de ingeniería. Las aguas de esta represa alimentan a Marcapomacocha y a su vez estas aguas van a la hidroeléctrica de Huinco, cruzando la cordillera por un túnel de 10km de longitud. En este punto se puede observar la belleza del pueblo, su laguna y los nevados que lo circundan, es realmente un excelente mirador. Continuando la marcha nos topamos con algunas vaquillas y toros, quienes al parecer no estaban muy contentos de vernos, más aún con Patty que estaba con una mochila roja (misma torera), así que nuestro amigo Julio haciendo gala de valentía, limpió el camino a punta de gritos y piedras (ningún animal salió lastimado en esta aventura...), así prosiguió nuestro camino, dejando definitivamente Marcapomacocha, aunque a lo lejos se podía observar a un lugareño en su faena solitaria de pesca, a bordo de su artesanal bote en medio del enorme lago. Entre Marcapomacocha y Yantac existen 200 metros de desnivel, si bien el camino es moderadamente suave, lo que complica la caminata es la altura. Esto lo vivió en carne propia el precoz Paolo, quien sufrió los estragos de la puna, lo que lo obligó a regresar al punto de partida, decisión correcta que tomó su padre, pues antes que la aventura está la salud y la integridad física. Estoy seguro que ya se sacarán el clavo. Camino a Yantac nos topamos con más lagunas, se ha de decir que este es un lugar de privilegiada belleza, pues existen en total 22 lagunas alrededor de esta zona, además de orgullosos nevados y verdes cerros por todos lados. A lo lejos vimos el pueblito de Cuyo que se nos mostraba apacible e imperturbable, además de misterioso, ya que nuestra concepción de vida urbana no puede compararse a la paz que reina en ese lugar... El camino se hacía largo, cuando de repente nos encontramos con la hermosa laguna (y no es exageración) de Yantac. Una gran extensión azul, rodeada de cerros verdes y un hermoso cielo de un celeste intenso. Realmente nuestros ojos estaban agradecidos (nuestros pies y hombros también) pues no había mejor lugar para poder descansar un poco. Nuevamente en marcha, cubrimos el ya corto trecho que nos separaba de Yantac, y luego de casi 20 minutos estábamos a la entrada del pueblo a 4632 msnm. Desde aquí la vista de la laguna era aún más espectacular, ya que las llamas que pastaban ajenas a lo que sucedía, le daban un matiz aún más bello. Entrando al pueblo, nos llamó la atención la peculiaridad de su plaza, quien tiene como especie de monumento un gran sombrero (hecho de concreto y con casi 2 metros de diámetro!!??) sobre una columna, y que es realmente alucinante, pues creo que nadie se esperaba esta vista. Ya completo el grupo, debatimos entre si seguir a pie el resto de la ruta o si contratar un carro para darnos un aventón hasta el siguiente pueblo, Cullhuay, debíamos tener en cuenta el clima. No hubo mucho que pensar, pues sólo viendo los rictus de dolor (menos en nuestros cyborgs) optamos casi unánimemente por el salvador bus. Así que una vez montados en el carro, descansamos mientras disfrutamos del paisaje que se nos mostraba. El camino que une a Yantac con Cullhuay, es la misma carretera que sale de Marcapomacocha. La ventaja de ir en carro era que podíamos apreciar la famosa laguna de Chuchún, hermosa laguna de color turquesa, donde aprovechamos para tomar más fotos. Para sorpresa nuestra, esa no fue la única laguna que vimos, ya que en realidad vimos más de 6, explicadas muy cordialmente por el dueño del carro, quien nos acompañó hasta Cullhuay. Pero la vedette de este camino era la Cordillera de la Viuda, la cual para nuestra mala suerte, no se dejó apreciar, pues la neblina cubría sus nieves perpetuas. Cuenta la leyenda que una mujer que perdió a su marido se internó en este lugar y se convirtió en una gran piedra negra, dándole el nombre a esta agreste cordillera. Dejando atrás el paisaje de Janca, empezamos a descender hasta llegar al pueblo de Cullhuay, donde empieza el valle del Chillón. Es realmente impresionante el hecho de pasar de un paisaje a otro en pocos instantes, realmente somos un país geográficamente privilegiado, pues la riqueza de paisajes y climas es interminable. Luego de buscar un lugar apropiado donde acampar, procedimos a armar el campamento. El lugar no pudo ser mejor, un terraplén amplio, cerca del río y de un puquial que nos proveería de agua y además cerca del camposanto del pueblo, y como no había supersticiosos en el grupo, no hubo problemas. Ya descansados y totalmente repuestos, el ánimo estaba al tope, así que decidimos armar una fogata para calentarnos y conversar un poco. Al parecer la fogata no tenía el mismo ánimo que nosotros, pues no quería arder, cosa que solucionó Jaime, quien con Saúl fueron a hacerse de unos leños (aún no se sabe el origen... mentira, fueron comprados) y animaron aún más la fogata. Lo curioso fue que no solo vinieron con leña, sino también con una botellita de ron, lo que animó aún más al grupo. El encargado de la preparación del calientito fue el afamado barman Carlitros, secundado por Franpisco, supervisado por Gustrago y animado por todos. Fue una reunión bastante agradable, que duró casi hasta la media noche, alumbrados por la hermosa luna casi llena que cubría de plateado todo el lugar. Realmente inolvidable momento, aunque tenía que terminar, pues teníamos que descansar para continuar al siguiente día con la caminata. Así se terminó este bonito día.

Sábado 03/11/01:
El día empezó para nosotros a las 7 am. Si hay algo que reconocer de este grupo, es la seriedad con la que se toman las cosas, nadie se retrasaba, todos siempre dispuestos y con muy buen ánimo. Luego de desayunar (esta vez todo fue comida clásica), levantamos el campamento y emprendimos la marcha hacia Huaros. El camino sigue siendo el mismo que tomamos desde Marca, sólo que esta vez un sol radiante nos cubrió todo el camino, además animados por el fresco y arrullador ruido del río que estaba a nuestro lado y estaría así durante todo el trayecto. No nos tomó mucho tiempo llegar al siguiente punto en el mapa, salvo por la pequeña aventura que vivieron Francisco y Julio, quienes al adelantarse cruzaron el río, y luego cuando quisieron volver al camino tuvieron que volverse unos pequeños rambos, pues hicieron el camino a campo traviesa hasta que encontraron un pequeño puente (decirle puente ya es mucho, pues solo era un tronco, que además estaba medio hundido) en donde casi naufragan, pero no contaban con la astucia de ambos, ya que pasaron indemnes esa pequeña pero difícil prueba que trajo consigo sólo los zapatos mojados. Ya juntos nuevamente, salvo por Juanjo y Patty, a quienes les pareció mejor llegar en camión, llegamos a una piscigranja, donde vendían truchita frita, con su papita y arrocito, bien rico... cosa a la que Jaime, el mejor apetito del grupo, no se podía negar de ninguna manera, pues tomándo nuestro tiempo nos sentamos a descansar, a jugar cartas y a esperar el plato, que amablemente Jaime compartió con nosotros, pues sino empezaba el saqueo (ya habrá oportunidad de devolverte el favor). En este lugar se nos unió una linda perrita color caramelo, quien al parecer le gustó Percy, y que nos siguió por todo el camino que hicimos hasta Canta, caminando como los mejores trekkers y la bautizamos "Huaros". Continuamos la marcha y nos desviamos a un camino inca que une Huaros con Santa Rosa que Percy conocía. La verdad es que este es un camino que nos animó aún más, pues la belleza del mismo radicaba en que era a campo traviesa, siguiendo pequeñas acequias y muy cerca del río. Empezaba con un impresionante puente, que está construido sobre una gran piedra que está en medio del río y que le sirve de base. Siguiendo el camino, lo encabezaba Julio quien nos iba mostrando por donde ir, realmente este camino es bello, pues el paisaje es impresionante, caídas de aguas, árboles por todos lados, pendientes, el olor a tierra, el sonido del río, el viento en la cara, el sol en lo alto... realmente disfrutamos mucho el sendero (buena Percy, buen dato). Acabando la bajada nos esperaba el Chillón apacible, así que ni cortos ni perezosos llegamos a su ladera y sumergimos nuestros agradecidos pies (tienen que hacer esto alguna vez, no se arrepentirán), pero no fuimos los únicos, pues nuestra amiga canina estaba de pesca en el río. Luego de este descanso reiniciamos la marcha hacia Santa Rosa de Acochaca, que nos recibió con su bello puente inca, puente hecho de piedra que data de la época incaica llamado puente de arena, recién restaurado y que es un tesoro que debemos preservar. Dejamos Santa Rosa atrás y Obrajillo nos esperaba, así que emprendimos el rumbo sin mucho descanso. Hace como un año quisimos entrar a Obrajillo a ver una caída de agua, esa vez nos quisieron cobrar por la entrada, cosa a la que obviamente nos negamos, y nos quedamos con las ganas, pues bien, como no hay plazo que no se cumpla, esta vez nos tocó a nosotros, pues entramos cortando camino, descendiendo por una ladera que circunda Obrajillo, y no sólo vimos la caída, sino que prácticamente bajamos a su lado, casi descolgándonos de ella. Una vez allí, tomamos unas fotos más y seguimos rumbo a Canta. Despidiéndonos amablemente del guardián, seguimos hacia la plaza de Obrajillo, allí "huaros" conoció a un perrito y nos abandonó, y justo cuando estábamos acomodándonos para descansar un poco se aparece un bus que nos llevaría de regreso, así que no hubo que pensar mucho y nos subimos en el carro. Hubo un pequeño retraso al momento de salir, pues al chofer le habían retenido su licencia de conducir. Ya superado el problema nos encaminamos a Lima, todo iba de lo mejor hasta que una de las ruedas traseras se reventó!!! casi no llegamos, de pensar en que teníamos que bajarnos del carro y tomar otro, en donde posiblemente iríamos de pie... pero menos mal se pudo solucionar el problema y nuevamente nos pusimos en camino. La verdad es que dejar la naturaleza cuesta, cuesta el regresar a la molicie, a la bulla, pero no quedaba otra. Y no hubo peor manera de terminar con la paz, que el sonido de un bendito celular que rompió el encanto. Nuevamente éramos hombres de ciudad.


























 

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