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QUEBRADA HONDA-CHACAS-PUNTA OLIMPICA-CARHUAZ

Participantes
Hugo Marcelino
Percy Rodríguez
Saúl Barak Silvana Riva
Enrique Laguna ----------------
Por Percy Rodríguez.

Lunes 30/04/01:

Entonces el bus que hace unos minutos llamaba al abordaje, estaba ahora encendiendo el motor. Fue en eso que bajó de un taxi amarillo Enrique, con su mochila de varillas de aluminio y su tubo de mapas. Ya eran mas de las 10pm, resignados a que Saúl no vendría, depositamos las mochilas en la bodega y lo hicimos pausadamente esperanzándonos en esos minutos extras que ganábamos. Finalmente llegó a la agencia; si, era Saúl, como siempre haciéndose esperar. Le recibimos con alegría e ira por llegar tan tarde, pero bueno, así es él. Asientos contiguos, mitad del bus, película de Jacki Chan, el bebito llorón que nunca falta y ya estábamos despidiéndonos de Lima, la ciudad gris... así comenzó la aventura. En realidad comenzó el sábado pasado. Ese día llegó de Concepción Chile, Silvana, una amiga aventurera que tuve la suerte de conocer en Internet, la ruta le gustó y decidió acompañarnos. Ella fue la primera del grupo que llegó a Huaraz y lo hizo el domingo de mañana, luego aprovecharía para aclimatarse y conocer algo mas de la zona. Mientras tanto nosotros seguimos viajando y como mañana nos espera una temprana jornada, a pegar los ojos.

Martes 01/05/01:
Día del trabajo y día inicial de la ruta, largos seis días de caminata, menos largos con estos bellos paisajes y con buenos amigos para disfrutarlos. A Huaraz llegamos a las 6:10am, cuando aun el ambiente estaba claroscuro. Mientras el resto se aprovisionaba de alimentos, fui al hotel Casablanca a reunirme con Silvana y luego juntos nos reunimos con el resto en la avenida Raymondi, muy cerca del puente Quilcay. Cinco mochileros con hartas ganas de caminar. Inmediatamente nos dirigimos al paradero de combis que cubren el recorrido del callejón de Huaylas. Tomamos una movilidad (S/2) hacia Marcará. Solo media hora de viaje y ya estábamos en ese pueblo. Como al parecer disponíamos de tiempo, aprovechamos para desayunar: café y pan con queso. De Marcará salen carros en modalidad de servicio publico y llegan hasta Vicos, nosotros optamos por alquilar una combi (S/50) que nos llevara mas allá de Vicos, exactamente hasta Portada de Honda. Un pequeño obstáculo nos salió al paso cuando llegamos a Vicos. Dos poyos de fierro y una cadena impedían el paso por la carretera. La llave?, la tenía un transportista que había pasado unas horas antes por la zona. Al averiguar por su retorno nos dijeron que no demoraría, así que tuvimos que esperar pacientemente (bueno, algunos menos paciente que otros) a que volviera dicha persona. Resuelto este impedimento continuamos el viaje por la campiña vicosina, preciosa respecto de sus matices verdes y texturas, además del colorido de las vestimentas de las lugareñas. Este trayecto fue agradable, el grupo haciendo bromas, la carretera en buen estado y a lo lejos ya podíamos apreciar el inicio de Quebrada Honda, angosto al empezar, pero mas ancho a medida que va ingresando hacia la Cordillera Blanca. Ya eran las 11am cuando saltamos del vehículo dispuestos a caminar desde Portada de Honda, el comienzo de la quebrada, hasta Rinconada. El conductor de la combi cobró lo acordado y regresó por donde vino. Ahora nos tocaba arreglar las mochilas y apretar los pasadores para empezar a andar, en este momento estábamos rodeados de las miradas de tres campesinos, uno de ellos menos tímido que los demás (verdad chicos?). Ahora si, a mover las piernas. el clima se mostraba agradable, ni frío ni calor, la ruta para hoy era sencilla, solo teníamos que seguir la carretera hasta el final de la quebrada, la mayor parte del trayecto era línea recta y casi sin desnivel. Al cabo de mas de una hora de camino, decidimos almorzar en un lugar acogedor, en realidad estábamos rodeados de lugares acogedores. Un sexto comensal se invitó al banquete... era un burrito, al parecer algo terco porque mientras mas lo espantábamos, mas se acercaba. Convencidos de que no se iría, le dimos pan y no lo comió, le dimos queso y tampoco lo comió, parece que el quería servirse solo porque avanzaba lenta pero decididamente hacia una mochila que contenía comida. No nos quedó otra que ponernos mas tercos que el( y no nos costó gran trabajo eh) para poder echarlo del lugar. Saciado el apetito con frutas, galletas, sardinas y puré, continuamos la marcha, en todo momento con la vista del nevado Rataquenua, parecía que nos observaba, mas bien nos vigilaba, o quizás nos guardaba. Mas allá que Quebrada Honda se encuentra la quebrada Minoyo, allí existe una mina, es por eso que de vez en cuando nos cruzábamos con obreros que volvían de sus labores. Aprovechamos para pedir referencias y algunos nos miraban con escepticismo cuando se enteraban que íbamos a Chacas, incluso de alguno de ellos obtuve la clásica respuesta "aquisito nomás", aquella gente mide estas lejanías como un horizonte familiar, cercano a todos los puntos, a fuerza de haber recorrido muchas veces el lugar, no miden tiempos ni distancias, solo ese vago calculo. Pasada las 4:30pm llegué a Rinconada y conmigo Hugo, Saúl venía unos pasos atrás, mas lejos venía Enrique y Silvana. El lugar como su nombre lo dice "rinconada", queda al final de la quebrada, al rincón, es apropiado para el campamento, hay caídas de agua cerca, y está protegido de los vientos porque esta parte es mas cerrada, existe también una capilla hecha por la gente de Chacas. Después de un pequeño descanso, nos dispusimos a armar las carpas y mas tarde a preparar la comida. Luego vino la conversación, abordamos distintos temas: los juegos de niños, fantasmas, música y el tema favorito de Enrique, su mamá¿?, nosotros por supuesto le escuchábamos con mucha atención, sic. La noche cayó sin darnos cuenta, al principio fue una noche sin cielo ni espacio, no brillaba una estrella, luego mejoró, hasta pudimos ver dos "satélites" a decir de Silvana...sin confirmar. Y llegó Morfeo y trajo el sueño, aunque a mi no me tocó mucho de eso. Pero mañana es una de las jornadas mas pesadas, así que ni modo, a cerrar los ojos, afortunadamente me dormí arrullado por los sonidos nocturnos (¿o eran Hugo y Silvana hablando?!!!)

Miercoles 02/05/01:
Nos levantamos algo tarde . Esperábamos a que saliera el sol, porque sabíamos que el agua había filtrado por las carpas y teníamos que secar lo que se hubiera humedecido. La mañana aun no decidía por sol o día nublado. A eso de las 8:30am salió el sol definitivamente. Luego de tomar desayuno y empacar las cosas cargamos las mochilas y partimos rápidamente, y tenía que ser así porque ya eran mas de las 10am. Tuvimos una confusión al principio para encontrar el camino pero luego lo solucionamos. El camino que cruza la cordillera Blanca es empedrado en muchos tramos y es de tamaño considerable. La vista de los nevados alrededor se hacía mas espectacular a medida que ascendíamos. El portachuelo de Honda se encuentra a 4750msnm, el camino siempre en ascenso no tiene pendiente pronunciada salvo en el tramo final. Mientras seguíamos subiendo, el mal de altura se apoderó de Silvana, y le llegó bastante fuerte, pero ella supo sobrellevarlo y solo le echó ganas para continuar. Andando andando, el verdor de la zona baja se fue transformando en marrón por el ichu de la puna, además de esto, mas formaciones rocosas nos salían al paso, de pronto me hacían recordar algo del ahora, lejano Marcahuasi. A nuestro frente teníamos al nevado Rataquenua y a la izquierda al nevado Chaquipunku, estaba tan cerca que nos atraía su blanca nieve. Faltando un desnivel de 100m comenzó la lluvia, tuvimos suerte que el sol aun nos acompañara, de lo contrario el frío se haría sentir con toda su fuerza. Eran las 4:45 cuando llegué al portachuelo, la vista desde ese punto es preciosa aunque alrededor ya ni el ichu quiere vivir. Se ve el callejón de Huaylas y el de Conchucos, también la cordillera negra , la alegría me desborda (quizás porque se que ya no hay mas subida). A partir de este punto solo nos espera la bajada hasta el campamento. Luego llegó Saúl y entonces empezó a granizar, así nos recibía la montaña. Enrique también llegó. Mas abajo Hugo acompañaba a la persistente Silvana que llegó con el soroche encima, pero llegó, vale. Ya eran las 5:20pm cuando empezamos el descenso. Teníamos que llegar a una zona con varias caídas de agua a 4300msnm, pero la noche nos alcanzó y tuvimos que acampar un poco antes. Además Hugo había vuelto por el camino ya que había olvidado su impermeable en uno de los descansos. Luego contaría "que en medio de la absoluta oscuridad y ominosa soledad, logró encontrar su impermeable y que luchando contra los elementos de natura, además de cuatro bravíos toros, pudo volver sano y salvo al campamento"...mismo chapulín. Pero a decir verdad hay que darle su merito ya que en la subida de la mañana había salvado de una inminente caída a Silvana, bien por eso. Ahora si se sentía frío, pero igual hicimos la ronda para la conversación, claro que solo éramos tres porque Enrique y Silvana ya dormían el sueño de los justos. Como a las 10pm nos fuimos a dormir, esta vez no llovió afortunadamente, solo resaltaba en el cielo la luna, que casi llena, le daba un color azulado a los nevados.

Por Silvana Riva, mismo día.
Teníamos que levantarnos alrededor de las 06:00hrs, nos esperaba un día muy difícil, pero la lluvia de la noche anterior nos detuvo y la levantada fue a las 08:00hrs aprox. Debíamos secar las carpas y sacos de dormir, por tanto la marcha comenzó a las 10:15hrs. Ya nos acompañaba el sol y el frescor de la mañana con sus olores primaverales. La caminata fue lenta pero segura, por supuesto adelante iban Percy, Hugo y Saúl y mas atrás Enrique y yo, pero eso no importaba, lo que si impresionaba era el entorno, la maravilla del paisaje, los nevados mas arriba que nos rodeaban, la quebrada Honda que paso a paso se nos alejaba y se registraba en nuestras mentes. Seguimos el sendero, continuando por el rastro de cada uno. Nuestro destino era cruzar el abra o portachuelo de Honda y llegar a las Falls en la quebrada de Juitush para acampar. Este fue mi día y lo recordaré siempre como mi día, por el soroche que me vino, que fue terrible. Comenzó el dolor de cabeza y luego vinieron las nauseas y no desaparecieron las molestias hasta el día siguiente, pero con o sin soroche y con la ayuda de Percy y Hugo igual pude disfrutar de todo lo que acontecía a mi alrededor... gracias muchachos!!!!

Jueves 03/05/01:
Era el día en que llegaríamos a Chacas, en teoría el día mas descansado..no fue así. Por mas que nos esforzamos no logramos salir temprano aunque el día ya se filtraba por la cubierta de las carpas. Esta vez empezamos la caminata a las 9:45am, dejábamos la visión de lo mas alto y escarpado, para llegar al valle. Silvana estaba como nueva, el soroche solo era un recuerdo penoso. Todos estábamos con las pilas recargadas para esta tercera jornada. Con menos peso en las mochilas por la disminución de las provisiones, nos dispusimos a seguir el camino de bajada. En realidad aun no habíamos entrado a la quebrada Juitush, de eso nos dimos cuenta tras una hora de camino. Los campos, todos verdes, daban un aspecto de planicie interminable adornadas por flores amarillas que solo salían del suelo, carecían de tallo. Ya le habíamos dado la vuelta a la cordillera y ahora veíamos el Rataquenua en su cara norte. El camino para este día suponía seguir la quebrada hasta antes de llegar a la carretera que viene de Carhuaz y luego tomar un camino de herradura a la derecha, este camino sube unos doscientos metros y bordea unos cerros para después bajar a Chacas. Una vez en la quebrada Juitush tuvimos la suerte de ver bastante cerca (gracias al pequeño pero potentísimo binocular de Silvana) a un águila, esta se paseaba a unos 20 metros, como si fuera una gran ave de corral, desenfadada de nuestra presencia. En esta zona se encuentra bastante ganado vacuno, alguno de ellos podrían ser peligrosos, así que tomamos nuestras precauciones. Nuevos nevados aparecen a nuestra izquierda, esta vez se trata del Yacuhuarmi, a nuestra espalda y bastante lejos el nevado Perlita donde se practica ski. Cerca de las 12:30pm llegamos la aldea de Juitush, unas cuantas casas y mucho silencio. A esta altura existe un cerco de piedra que va de canto a canto de la quebrada, es el inicio de la vaquería. Nosotros lo bordeamos cruzando al otro lado del río por un puente de troncos, luego nos daríamos cuenta que ese camino solo conducía a unas chacras sin salida. Volvimos y esta vez consultamos con una señora de la aldea que apareció al otro lado del cerco (Enrique aprovechó para hablarle de su mamá ¿?). Ella nos dijo que pasáramos por el portón de madera que se erguía al medio. Ya al otro lado, continuamos a paso ligero porque la hora nos ganaba y no queríamos llegar de noche a Chacas. Mas adelante nos esperaba otro puente que nos pegaba al lado derecho de la quebrada, por allí discurría el camino y siempre pegados a la derecha continuamos hasta el punto donde debíamos ascender por el camino de herradura. Al centro e izquierda de la quebrada hay muchas zonas inundadas ya que es zona bastante plana, no es nada recomendable pasar por allí. Empezamos a subir. Un tramo corto hasta doblar el cerro y continuar hacia el noreste. Nuevamente empezó la lluvia justo cuando ya podíamos apreciar la campiña Chacasina (aun no el pueblo) bañada por el río Chacapata, era un paisaje hermoso, ahora la lluvia y el cansancio me parecían tan buenos (y estoy seguro que al resto también) como el entorno. Luego de seguir descendiendo, me adelanté y conocí a un señor que iba para Chacas también, y me vine conversando con él. Averiguaba si en Chacas se encontraría el Padre Ugo de Censi, ese era uno de nuestros objetivos, conocerlo y felicitarlo por la gran obra que el realiza junto a un grupo de personas y a la OMG (Operación Matto Grosso). Decidí esperar al resto en una capilla, justo encima de Chacas , ahora ya podía ver el pueblo con sus tejas naranjas y sus balcones tallados. Cerca de las 5:20pm estábamos todos reunidos en la capilla y de allí avanzamos en grupo hacia el pueblo. Fue curioso cuando entramos a la primera calle, un niño campesino que jugaba a la pelota, nos vio y nos gritó: "vieni qui", Silvana nos dijo que significa ven aquí, en italiano. Sin perder tiempo nos dirigimos a la parroquia de Chacas en busca del padre Ugo. Nos dijeron que él llegaba mañana, entonces pedimos albergue a los encargados pero nos dijeron que ayer llegaron de Yanama 120 catequistas y ellos estaban alojados en la parroquia , que no había espacio, lastima. No tardamos de encontrar hospedaje (S/ 8 x cama) y lo primero que hicimos fue darnos un reparador y relajante baño. Ya de noche salimos a recorrer el pueblo y a cenar. Mañana teníamos planeado conocer la iglesia, los talleres de ebanistería, el hospital y el santuario de Pomallucay, iba a ser nuestro día de descanso, con esa esperanza nos fuimos a descansar.

Por Hugo Marcelino.

Viernes 04/05/01:

Luego de un reconfortante descanso en el "hotel" alrededor de la plaza, llegó la hora de levantarse, cosa que nos demoró bastante por la comodidad con la que habíamos dormido. Ya convencidos de que no nos quedaba más remedio y luego de asearnos y un buen desayuno, decidimos comprobar si lo que se decía de Chacas era cierto. En primer lugar nos recibió su plaza central, rodeada de balcones primorosamente tallados, en especial el del consejo municipal, muestra de su arte y como fondo, su solemne iglesia, rodeada de dos impresionantes torres hechas en piedras. Resulta curiosa su plaza, que no cuenta con mayor arreglo, ya que en ella se celebran las corridas de toros que se realizan por motivo de su aniversario, y es esta la razón de su estado, que le da otro matiz a esta plaza que ningún otro pueblo tiene. La primera visita obligatoria era la iglesia, así que hacia allí fuimos. Quedamos embobados con la espectacular puerta de más de 4 metros de alto, totalmente tallada con motivos andino religiosos que amablemente estaban abiertas y que aprovechamos para conocer por dentro este bello lugar. Lo primero que se observa al entrar es un elaborado retablo, que data del año 1589, que tiene la particularidad de estar "forrado", si ese es el término, en oro de 24 kilates, que es el altar mayor y que fue restaurado hace más de 20 años por maestros italianos y peruanos, rica en tallados y formas y que tiene como figura principal a la Mama Ashu, patrona del Pueblo de Chacas. Frente al altar mayor, en la parte superior hay un preciso vitral, que tiene como figura principal a la Virgen María rodeada de campesinos que van a su encuentro. A su derecha se aprecia a una persona minusválida que lanza sus muletas al aire, según nos contaba Teodorico Tafur, maestro restaurador y profesor del taller, que esa persona se encargaba de la limpieza de la capilla cuando aún ésta no estaba arreglada y que un día lo encontraron muerto en una de las bancas. El cariño y el arte lo inmortalizaron en este bello vitral. A la izquierda de la Virgen se aprecia al padre Ugo quien mochila al hombro recoge a un enfermo y lo lleva a la presencia de la Madre. La capilla cuenta con un estrado para el coro a la derecha del altar mayor, en la parte superior, en donde se encuentran también los tubos de un órgano que data de la fundación de la capilla. Este estrado es una maravilla tallada, es impresionante el grado de maestría con que se trabaja la madera, las bellas formas que se pueden lograr. Además a derecha e izquierda del altar mayor se encuentran dos ambientes que han sido también restaurados. Pasamos luego a visitar los talleres, invitados cordialmente por nuestro amigo Enrique, donde pudimos observar la forma como se enseñan los principios básicos del arte del tallado. Esto muchachos vienen de diferentes comunidades y pasan una prueba de selección exigente antes de acceder a este tipo de educación. Aprovechando que el padre Ugo estaba en el pueblo, ya que su labor pastoral la realiza en todo el callejón de Conchucos, decidimos aprovechar para saludarlo y conocerlo. Mientras esperábamos se realizaba en el patio un agasajo a los comuneros por el día del trabajo, que aunque atrasado, se celebraba de igual manera con una espectacular pachamanca que nos hacía agua la boca y que provocaba diferentes comentarios gastronómicos entre nosotros ya que no habíamos comido. Pronto nuestra espera obtuvo su recompensa: por el patio cruzaba el padre Ugo, acompañado por un colaborador suyo, quien gentilmente lo guió hacia nosotros. Estábamos realmente emocionados, el Padre Ugo se nos acercó y estrecho la mano de cada uno de nosotros con mucho cariño. Es un hombre alto, cano, de caminar cansado, de ojos celestes y mirada profunda, de hablar pausado, con una gran fuerza espiritual y un trajinar espectacular, ya que dedica todas sus energías a su labor pastoral. Es un verdadero ejemplo de trabajo y lucha constante. Luego del saludo y de una pequeña conversación nos invitó a comer (¡ya la hicimos, porque queríamos pachamanca!) y con un poco de vergüenza y harta hambre aceptamos. Mientras disfrutábamos de la comida nos contaba sobre la OMG y de la forma en que se las arreglan para continuar con sus obras, su modo de trabajo y de vida de servicio al prójimo. Algo que nos llamó la atención fue su lucidez en el hablar, lo pragmático de sus ideas y de la preocupación constante por mejorar aún más su trabajo. Nos contaba el padre que cuando inició su labor de párroco en la comunidad la gente se le acercaba a buscar ayuda y él, como todo ser humano llegaba un momento al hartazgo producto de tanta pedida y pedida, y que cuando ya no podía más la gente le decía "Padre, si no voy donde ti ¿a dónde voy?", éste fue el motor que movió su obra y que ahora se puede apreciar en diversas comunidades y seguirá creciendo de eso estoy seguro. Acabado el almuerzo nos guió en un paseo por los diferentes talleres de la cooperativa, que es una asociación de egresados de los talleres y que se han agremiado para vender sus trabajos de manera conjunta, teniendo como mercado principal el exterior. Hay que recalcar que los trabajos que se realizan aquí son de primerísima calidad y que se realizan en buenas maderas con diseños originales y hechas con mucho profesionalismo. Como el padre tenía obligaciones que cumplir, tuvo que despedirse de nosotros con el mismo cariño con el que nos recibió, y nos encargó con Mateo un italiano simpático que nos terminó de mostrar los talleres. Creo que la imagen y la energía que nos regaló el padre Ugo van a quedar hondamente grabada en nosotros por mucho tiempo. Acabada nuestra visita nos quedamos en la plaza descansando y disfrutando de un ardoroso partido de fútbol que los niños de la comunidad jugaban como si fueran verdaderos profesionales (y no va a ser si la apuesta era de un sol por cabeza!!). Como nos habían informado que el paso de Punta Olímpica estaba tapado por una avalancha decidimos buscar información sobre cómo llegar y la manera de cruzar ese punto, problema que solucionamos pidiéndoles a los trabajadores de la municipalidad que se desplazaban hacia allá todos los días a limpiar el acceso que nos llevaran. Decidimos visitar el hospital, que valgan verdades, debe ser una de las mejores del país, sino la mejor, por su belleza y por el servicio de primera que brinda. Allí conocimos a Alejandro, un joven peruano que se encarga de la administración y que está comprometido con la obra del padre Ugo. Él nos comentaba que es uno de los poquísimos compatriotas que trabaja sin sueldo para la OMG, y acerca de los problemas que pasó para aceptar este reto. Casado, con un hijo chacasino, orgulloso de su trabajo y convencido que las cuentas en rojo al fin del mes se volverán azules, tiene la convicción de que hay un futuro mejor y que todo el trabajo que se hace en el hospital es de calidad, ya que sale del espíritu y del corazón, antes que del bolsillo. Regresamos a nuestro hotel, reflexionando por todo lo visto y oído, supongo que pasó un ángel, pues el silencio era una muestra de que empezaríamos a ver la vida desde otro ángulo. En la tarde Percy se encontró por obra de la casualidad con Mario, primo de William, un amigo que nos informó acerca de la ruta, quien nos ofreció su casa para poder acampar, ante lo cual aceptamos. Luego de mudarnos a su patio, tuvimos una animada charla que se extendió hasta tarde, aunque teníamos que madrugar al día siguiente, ya que el volquete de la municipalidad salía a las 6 de la mañana. Así que sin otro remedio nos metimos a las bolsas a preparar el cuerpo para lo que nos esperaba al día siguiente.

"...las cosas de Jesús tienen un color y un sonido característico: no ensucian el alma y no se quedan pegadas a uno. Son siempre limpias y las puedes dar a los demás..." Padre Ugo.

Sábado 05/05/01:
5:00 AM, hora de levantarse, desperezándonos, con frío y peleando con las bolsa que no nos querían dejar ir, no nos quedó otra que hacer mochilas, guardar carpas y sin desayuno enrumbar a la plaza en espera de nuestro transporte. Mario nos acompañaba, ya que quería darse un paseo a la vez de aprovechar el día para pescar (esperemos que haya cogido aunque sea uno). Partimos a las 6:00am con un grupo de comuneros que iban a trabajar limpiando el camino. Sentados y disfrutando por última vez de la plaza, pronto nos daríamos cuenta que era una mala idea estar en esa posición, porque aparte de no poder sujetarse de nada, saltábamos de un lado para otro a medida que el volquete avanzaba. Nos golpeábamos las sentaderas y la espalda, además de un sube y baja que difícilmente un juego mecánico va a poder igualar por lo interminable que resultaba. Valientemente (no nos quedaba otra) nos pusimos de pie, salvo Silvana que luchaba con su cuerpo tenazmente por afirmarse a la tolva, viajando con la adrenalina al 200% disfrutando de una manera muy diferente del paisaje que nos ofrecía el callejón de Conchucos y del aire frío que nos golpeaba la cara. A medida que transcurría el viaje se mostraban ante nuestros ojos imponentes nevados (Ulta y Contrahierbas entre otros) y casi después de hora y media de viaje muestro objetivo: La punta Olímpica. El camión paraba para abastecer de combustible a las maquinarias pesadas que abrían camino, momento que fue aprovechado para satisfacer nuestras necesidades orgánicas y acomodarnos nuevamente para el vaivén que ya no molestaba en absoluto. Antes de llegar a Punta se pasan por tres lagunas preciosas que tienen como particularidad sus colores, ya que son celeste oscuro, turquesa y turquesa claro, en ese orden, a medida que se va ascendiendo. Finalmente llegamos al paso de Punta Olímpica y quedamos maravillados y entusiasmados con la vista del otro lado de la cordillera. Así nos despedimos del Callejón de Conchucos y llenamos nuestros ojos del Callejón de Huaylas. Empezamos el descenso luego de las fotos respectivas y es que la vista desde este punto es espectacular, ya que nos encontramos rodeados de nevados imponentes (esta vez son el Huascarán, Chopicalqui y a lo lejos el difícil Chacraraju) que resaltan por la majestuosidad con la que se muestran. Bajando encontramos una gruta con la Virgen María que es la protectora de los viajeros que pasan por aquí. En este punto nos despedimos de Mario, no sin antes dejar pendiente la promesa de una futura caminata, que estoy seguro, se cumplirá. Ahora venía lo bueno, frente a nuestros ojos se mostraba la carretera cubierta por la avalancha de nieve y que era removida por la cuadrilla de trabajadores. El paso era cosa seria, pues todavía faltaban limpiar unos 100 metros de vía y que nosotros tendríamos que cruzar por encima. Sin pensarlo dos veces iniciamos la marcha, con mucho cuidado, paciencia y hartos nervios de acero. Justo cuando cruzábamos pasó por encima de nosotros un cóndor majestuoso que no pudimos apreciar bien por la condiciones en la que nos encontrábamos. Un consejo: jamás se distraigan en la nieve, ya que puede ser fatal. Sin mayores contratiempos cruzamos el tramo cubierto y empezamos el camino cuesta abajo haciéndonos camino. Luego de una hora estábamos frente al nevado más alto del país: el Huascarán lado sur, totalmente despejado, teníamos que recoger nuestras mandíbulas ante tamaño espectáculo, por la belleza y el entorno que había allí. Luego de unas horas (más de las que habíamos pensado) llegamos al fondo de la quebrada donde aprovechamos para descansar un poco y comer algo preparándonos para la caminata que nos esperaba aún. Reanudamos la marcha y mientras bromeábamos, conversábamos y hacíamos que cantábamos, íbamos dejando atrás la quebrada con nostalgia, porque atrás quedaban también Chacas y todas las maravillosas vistas que apreciamos. En toda la quebrada hay ganado disperso que pastean a su libre albedrío, pues los comuneros los dejan allí a veces por meses. Hubo un momento en que un toro se cuadró para embestirnos, pero menos mal que todo no pasó de un amago, aunque ya teníamos prospectos de toreros que le harían frente, bastón en mano o piernas listas para la carrera. Siguiendo la ruta al final de esa quebrada hay un bosque de pinos que resalta del paisaje pues nos transporta mágicamente a otros lugares, además que volvió a aparecer ante nuestros ojos el coloso Huascarán, lado este ahora que no acompañaría el resto del camino. El camino se nos hizo largo, pues caminábamos y caminábamos y no había meta a la vista, así que como ya caía la noche apuramos un poco el paso. Aprovechando la luna que estaba casi llena, el cielo despejado y una linterna de médico seguimos avanzando, peleando con nosotros mismos por el cansancio que ya acusaban nuestros cuerpos, pero sacando a relucir el espíritu de aventura y las ganas de llegar al objetivo, al cual llegamos después de unas horas casi a rastras (menos Percy que seguro llegaba hasta Lima ¿de cuál fumaste eh?) a Cutay, donde luego de pedir permiso acampamos en su cancha de fútbol, rodeado de los niños de la comunidad que se acercaban a curiosear, y a los pies de la vista del majestuoso Huascarán, iluminado por la luna, que hizo brotar en nosotros, pese al cansancio, una sonrisa de satisfacción.

Domingo 06/05/01: Con el cuerpo molido pero repuesto por el descanso y con el espíritu intacto, nuevamente nos pusimos en marcha luego de un desayuno reparador. Luego de despedirnos de los pequeños que venían nuevamente a curiosear empezamos la ruta hacia Shilla, la cual no nos demoró más de hora y media. Parece increíble que hayan pasado los días de manera tan rápida pese a todas las actividades que realizamos durante la semana. Ya en Shilla saciamos nuestra sed y luego de las fotos respectivas, las últimas por cierto, abordamos el carro que nos llevaría a Carhuaz, ya que el tiempo tirano como siempre estaba haciendo de las suyas. Una vez en Carhuaz aprovechamos para realizar algunas compras y disfrutar de sus ricos helados, que tienen su fama bien ganada, pues son realmente exquisitos. Como no teníamos mucho tiempo para conocer Carhuaz (lo que quedó pendiente para una nueva oportunidad) volvimos a montarnos a un carro que esta vez nos llevaría a Huaraz, donde nuestro carro partía a las 2pm a Lima. Luego de comprar los pasajes y alistándonos para abordar nos fuimos despidiendo mentalmente de este maravilloso lugar y de los momentos vividos y reactivándonos nuevamente a nuestra condición de habitantes citadinos. Después de casi 9 horas de viaje, entre sueño y conversaciones, remembranzas y una que otra parada llegamos a nuestra vieja Lima, que nos recibía como siempre suele hacerlo. Llegando a la estación del bus quedaba el último tramo, al menos para nosotros, ya que Silvana tenía que llegar aún al aeropuerto. Con la mochila nuevamente al hombro y nuestra experiencias a flor de piel, nos despedimos tiernamente de nuestra querida "tía", convencidos de que la amistad y las ganas de vivir en armonía con la naturaleza no tienen fronteras. Hasta una nueva oportunidad y hasta la siguiente aventura!!!

" La peregrinación es un camino ritual emprendido individual o colectivamente con la finalidad de buscar la purificación, la perfección o la salvación. En esta experiencia se establece una serie de vínculos: enlaza un lugar profano con el mundo superior, a un caminante individual con una comunidad y el peregrino de carne y hueso con el que renace purificado por el cumplimiento de su empeño. Estas relaciones son las que diferencian a la peregrinación de cualquier otro recorrido. Para que exista peregrinación son imprescindibles por lo tanto un lugar, un recorrido, y un objetivo sagrados. El lugar santo puede adoptar distintas formas, puede ser un árbol, fuente, montaña o cualquier ciudad: una señal visible de contacto entre lo humano y lo divino. Pero en el camino, metáfora de la vida terrenal, se inicia ya una transformación personal, visible a través de una serie de ritos que culminan en el momento de la llegada. Allí, conseguida la meta, el peregrino renace convertido en un hombre nuevo"

















































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