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Le debo una canción a lo imposible,
a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza,
le debo una canción indescriptible,
como una vela inflamada en vientos de esperanza. Silvio Rodríguez
El Pisco. Ya había escuchado comentarios minimizantes sobre él : " en sus alturas se aclimatan para retos mayores" , " es una montaña fácil" , "toda la gente lo hace" , "allí filmaron un comercial, así que imagínate pues", son solo 5800m" , etc, etc. Y fuimos pensando - bueno, al menos yo- en todos esos comentarios que nos hacían ver al Pisco como al cerro San Cristóbal de mi ciudad, Lima, y claro, seguro que en su cumbre encontraría una cruz de concreto y un restaurante con sillas blancas y un toldo para el sol. Paso a paso en el transcurso de la morrena me iría dando cuenta que la situación no era tan sencilla como decían o quizás como quería creer, a tal punto que hasta pensé que nos habíamos equivocado de montaña y cordillera, imaginé que subíamos algún pico enorme del Karakorum, claro, como salimos de madrugada, a oscuras, alumbrados por tímidos frontales, equivocamos el camino y saltamos al continente asiático, si, eso debió pasar. Eran mas de la 1am cuando empezamos el acercamiento, la luz de luna nos mostraba a medias una topografía sinuosa, similar a las olas de mar en la reventazón, capturadas en ese preciso instante. Todo el espacio lleno de rocas, en posiciones que me hacían pensar que alguien deliberadamente las había desordenado. Ayudados por la luna, parecían cuerpos casi celestes, mas bien azules, poco faltó para sentirme el tal Amstrong pisando la Luna, idea que poco después el cansancio y la falta de oxígeno se encargarían de despachar.
Habíamos llegado a Huaraz el día anterior, y allí en la avenida Luzuriaga, aun tranquila y sin transito por estar amaneciendo, nos encontramos con tres amigos de Sergio que venían con sus mochilas al hombro: Marco, Edgar y Sonia. Ellos también iban a escalar el Pisco entrando por la Quebrada Demanda, ellos también iban a quedarse en el campo base y también iban a cruzar la morrena a la 1am del día siguiente, así que sin planearlo ya éramos 8 peruanos en busca de la cumbre del Pisco.
Seguimos cruzando toda esa zona yerma, cruce que nos tardó mas de 4 horas. Hacía un frío soportable, salvo por los vientos que aparecían de vez en cuando. Después el grupo se despedazó y no porque alguien se hubiera caído o sufrido algún accidente sino que íbamos separándonos por el elemental estado físico. Avanzábamos en un grupo claramente establecido: Sergio, Hugo, Saúl y yo. Seguíamos con cuidado cada hito para no perder el camino pero aun así llegamos a un punto donde acababan las señales, y no podíamos continuar porque se levantaba una pared de tierra de unos 4 metros, generada seguramente en tiempos de avalanchas y lluvias en los meses de febrero y marzo, los peores del año. Avanzamos bastante al oeste, acercándonos mucho a la base de la morrena de los Huandoy y comprendiendo que habíamos extraviado el camino, empezamos a desandar lo avanzado, ayudados mas por la luna que por nuestros frontales. Y cuando estábamos taciturnos en nuestro desconcierto, aparecieron dos "chapetones" modernos: no usaban látigos de cuero, usaban cuerdas dinámicas Mamutt, no usaban sombrero de fieltro, usaban capuchas The North Face, no usaban zapatos de charol, usaban botas Scarpa y sus pantalonetas a la rodilla terminadas en orlas habían sido trocadas por overoles de GoreTex. Si pues, esta pareja de españoles cruzaba a paso ligero - o debiera decir a salto ligero- la zona rocosa y ya nos daba alcance. Informados por nosotros que camino arriba no había forma de continuar, uno de ellos -el barbado- empezó a husmear la ladera mas cercana que tenía y para suerte suya y nuestra encontró una vía o algo así. Subió rápidamente la pared pero en el tramo final tuvo que usar todas sus extremidades. Ya estando arriba gritó a su compañera: "por allí hay una vía", la cual le siguió casi tan rauda como él. Viendo la ruta, decidimos seguirles y en un santiamén ya estábamos encaramándonos en la pared, que camino o que se dice camino no tenía, pero ya alcanzábamos la cima y ahora si podíamos ver nuevos hitos que nos señalaban el camino. Para cuando habíamos subido los 4, los "chapetones" ya no estaban a l alcance de la vista, parecía que ellos usaban baterías Duracell y yo usaba pilas "Durabell" de 4 por S/1 mas tu encendedor de regalo, jeje. El cielo ya se estaba acomodando para amanecer, deberían ser casi las 5am y ni siquiera estábamos en el inicio dl glaciar. Previo dialogo, Sergio se adelantó para alcanzar a Jaime quien seguro esperaba ansioso por entrar en la nieve. Yo calculaba que Marco y compañía ya estarían encordados y rumbo al collado del Huandoy. Hugo, Saúl y yo aun penábamos por terminar de recorrer la ultima arista de la morrena y al parecer avanzábamos tan lento que el día nos alcanzó, ya había amanecido. Cuando el horizonte aclaró, verificamos que la montaña que estábamos subiendo era en verdad el Pisco, el Pisco peruano de la Cordillera Blanca y no un 8mil lejano como así nos lo quería hacer creer embusteramente nuestro cuerpo y su cansancio. Luego vi que se mostraban tímidamente 3 de los 4 picos del Huandoy y en eso vino a mi memoria la letra de una canción: "iré a Huaraz y veré el Huandoy...", sonreí, porque si, pasé por Huaraz, y ahora estaba viendo el Huandoy casi completo, pero a mi no me parecía tan sencillo como gritarlo en una canción. A mi derecha se veían los dos macizos del Huascarán, con sus puntas combadas y con un par de nubes encima que parecían salir de la misma montaña, le daba aspecto de volcán activo. La brisa fresca llegó con el amanecer y se sentía como una caricia en las mejillas a diferencia de las bofetadas de aire gélido de la madrugada. Después me enteré por Saúl que Hugo ya no seguiría subiendo. Al parecer allá abajo por el campo morrena, había hecho amistad con un grupo de chilenos y prefirió quedarse a darle a la conversa, era eso o que ya no podía con su cuerpo, una de dos, jeje. Los chilenos, estudiantes de la Universidad de Concepción, habían venido a dejar una ofrenda fúnebre al pie del Huandoy ya que se conmemoraba el primer año del fallecimiento de sus tres compañeros de estudio en las paredes de dicha montaña. Luego de esperarnos un buen rato en el inicio del glaciar, les dimos alcance a Sergio y Jaime, este ultimo, sospechosamente con arrestos físicos aun, nooo, es broma Jaime. Ya estaba bueno de cargar tanto fierro. Empezamos a preparar el equipo para nieve. Sergio y Jaime decidieron adelantarse con el viejo truco de "arriba nos encontramos" , hasta ahora estoy que les busco. Listo, ya estábamos en el glaciar Saúl y yo, esta primera parte es solo una loma de nieve, nada difícil a no ser por el cansancio que ya llevábamos encima. Al lado derecho de la huella se puede ver una grieta, como de 3 metros de ancho y sube casi hasta el collado, afortunadamente pasamos lejos de ella. Luego nos cruzamos con una gran cordada, unos 8 tipos por lo menos, bajan ya y todavía no son ni las 9am, quizás coronaron aunque por sus rostros no lo parecen, bajan bastante lento. Saúl y yo seguimos subiendo a paso lento pero constante. Un poco de esfuerzo mas y llegamos al collado del Huandoy. Allí alcanzamos la vista de los nevados Artesonraju, Caraz y Aguja. También alcanzamos a ver a Jaime Y Sergio, a lo lejos, en la subida que continúa, unos 50º. Con pena abandonamos Saúl y yo la empresa del Pisco, siempre habrá otra oportunidad y esa vez habrá que venir mejor preparado, la poca energía que queda la gastaremos en el retorno hasta el campo base. Que fue del resto? Marco y Edgar coronaron, Sergio, Jaime y Sonia se quedaron muy cerca, ah y los "chapetones" también coronaron.
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