| 19/05/07 al 20/05/07
…y la piedra dice, habla, aun en el silencio, el cuerpo firme de la roca se expresa mediante símbolos y transmite fuerzas sutiles pero para la conciencia moderna la piedra sólo es despojo o riqueza a explotar, para el habitante urbano, de ella no dimana ninguna potencia ancestral, sin embargo sobre la superficie visible, tangible de la piedra, se escriben los poderes más sutiles, invisibles e inconscientes de la naturaleza.
Por Percy Rodríguez
En verdad las piedras han de tener alguna fuerza por lo menos magnética sobre los que volvemos año tras año a Marcahuasi, algunos dejando temporadas largas de ausencia pero al fin y al cabo volviendo siempre. Por suerte Marcahuasi es una meseta sin prejuicios, recibe a sus visitantes sin distinguir raza, religión o estatus social, allí están los caminantes como nosotros, los místicos, los parranderos del barrio, los ufólogos, los astrónomos o los que pretenden serlo, etc.
De tal suerte que esta vez no fue la excepción y Marcahuasi nos recibió con una de sus mejores caras, la cara de la primavera andina, con los cerros floreciendo, las lluvias ya lejanas y unas cuantas lagunas que todavía tardarán en secarse hasta agosto o septiembre. Entramos por donde casi todo el mundo entra, por el Anfiteatro, una confortable explanada que protege a los visitantes muy bien del viento. Ésta es una salida en donde hemos sido un número bastante considerable para nosotros, acostumbrados a ser un grupo reducido en número, esta vez fuimos dieciocho personas. Y como todo grupo grande, fuimos llegando en pelotones al campamento, para las 5 de la tarde ya estábamos todos reunidos excepto Hugo, Sandra y Rosa que nos darían el alcance bien entrada la noche, llegaron casi a la media noche ya que ellos salieron de Lima todavía en la tarde, mérito para ellos que iban por primera vez a Marcahuasi.
La noche como siempre mostraba un cielo claramente estrellado y algunos de nuestros vecinos -del tipo parrandero del barrio- aprovecharon muy bien su claridad para evaporar todo el alcohol que tanto trabajo les había costado subir hasta allí. Siendo las 5:30 am, ya del domingo tuve que salir de mi tienda, -no soportaba más estar echado- un poco de fotos por aquí, levantar al resto del campamento, preparar mi modesto desayuno, apurar un poco más, solo teníamos unas tres horas para recorrer lo más que pudiéramos de la meseta y volver a San Pedro a treparse al carro que vuelve a Chosica a la 1pm. Con casi todos listos para partir, dejamos en el campamento a Willy y sus amigos que caminarían por los alrededores más tarde y en forma más relajada. El objetivo fue llegar a la Fortaleza y ver todo lo que pudiéramos a su paso y para esto nuestro amigo Edy con más de veinte viajes a la meseta fue el hombre indicado para ir distinguiendo las formas y encontrando los senderos hacia ella. Las fotos muestran nuestro paso por las rocas algunas claramente inidentificables, otras más bien amorfas, pero cada una con singular belleza, el sol ya había salido y por todos lados se respiraba calidez.
Llegamos al pie de la Fortaleza y no podíamos irnos sin subir, así que todo el grupo trepó para encontrar un mejor lugar desde donde se pudiera observar toda la meseta. Luego bajamos y nos dirigimos para la zona de Santa María donde pudimos apreciar entre otras cosas al elefante echado. De regreso al Anfiteatro pasamos por el flanco más oriental de la meseta dominada por abismos y flores de colores intensos. Siendo las 11 am ya estábamos nuevamente en el Anfiteatro, levantamos el campamento con premura y nos dirigimos esta vez hacia las Chulpas y luego hacia la roca más famosa de Marcahuasi, El Monumento a la Humanidad, donde también apreciamos entre otras cosas a La llama y el Gorila.
Camino de regreso, tomamos el llamado camino corto, más corto en distancia pero con mayor pendiente. Desde el Anfiteatro nos habíamos separado ya que Willy y sus amigos además de Cedrick y Marnie se habían adelantado hacia el pueblo por el camino largo, con esta decisión prudente ellos lograron tomar el carro hacia Chosica, incluso Jaime logró alcanzar el carro también, algunas personas del pueblo bajaron en la parrilla porque sabían que era el único y último carro de ese día.
Para los otros diez que nos quedamos en San Pedro no pudimos alcanzar el carro. Ante esta situación Edy, Hugo, Juana, Sandra y Rosa decidieron caminar un par de horas más y bajar a Huinco para probar suerte con los carros que bajan de otros pueblos como Iris, Huanza, Laraos, así que partieron raudos confiando en Edy que conocía esa empinada y larga bajada. Gerardo, Magaly, Kathya, Nelly y yo esperamos en el pueblo a que suceda algo inesperado y consigamos carro, la gente nos dijo que ya no habrían carros hasta mañana. Y fue cierto, ya no subieron ni bajaron carros pero llegó al pueblo un camión vacío que por 200 soles ofrecía bajarnos a Santa Eulalia, por suerte habían otros grupos de limeños que también querían bajar por lo que hicimos grupo y nos fuimos en camión como borregos; el viaje fue divertido, un poco movido pero divertido. La próxima vez que sintamos necesidad de volver a Marcahuasi, bajaremos más temprano de la meseta.
         
       
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