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QUEBRADA CANTO GRANDE-QUEBRADA CARNERO-FUNDO CASSINELLI

Participantes
Enrique Laguna
Percy Rodríguez
Jesus Gilbonio
Luis Gilbonio
Juana Rivas ----------------
" ...aun detrás del recodo, quizá todavía espere un camino nuevo o una puerta secreta y aunque a menudo pasé sin detenerme, al fin llegará un día en que iré por esos senderos escondidos..."

Por Percy Rodríguez.

Domigo 19/08/01:

Una ruta que siempre me inquietó fue la de salir a la carretera hacia Canta y hacerlo desde Jicamarca, el ultimo lugar poblado de San Juan de Lurigancho (antiguamente llamada Ruricancho). Mi interés era justificado pues quería conocer donde acaba el distrito donde vivo. Es así como nos enrumbamos en esta aventura, Juana, Enrique, Jesús, su hijo Luis y yo. Nos esperaban mas de 20 Km. por recorrer en una geografía rocosa y seca, agreste en general. A las 8am (hora peruana) empezó el viaje, un taxi nos trasladó hacia el cementerio clandestino de Jicamarca, las ultimas construcciones que veríamos del lado de San Juan de Lurigancho. Entonces empezamos a entrar por la quebrada Canto grande, que corre casi plana a esta altura y que comienza a ganar pendiente a medida que nos acercamos al cerro Cantería. Jesús y Luis, que por alguna extraña razón de la naturaleza, gustan de los cactus, esas plantas de un verde pálido y miríadas de espinas, ya estaban ávidos, oteando por aquí y por allá con la esperanza de encontrar una nueva variedad que incremente su colección de por si, ya abundante. Solo media hora de camino y ya estábamos rodeados de cerros grises por los cuatro flancos, ahora tocaba subir una de las faldas rocosas del cerro Cantería. Unos metros mas arriba encontramos un camino sinuoso y delgado, señal de que la gente aun transita por aquí o al menos lo hizo en tiempos antiguos. Basta llegar al lomo de este cerro y ya se puede apreciar la quebrada Torre Blanca que baja hacia la carretera a Canta, aunque esta vez los jirones de nubes nos impiden ver el verde valle del otro lado, sin embargo son un perfecto fondo para la fotografía del grupo. De pronto el camino se hacía mas ancho y mas limpio, con menos cascajo, e iba justo por toda la arista en un sube y baja constante. En el camino se nos ocurrió hacer una ofrenda, para ello necesitábamos elegir un cerro, por supuesto que elegimos el mas alto, ¿y la ofrenda? pues tenía que ser una piedra... y si piensan que una piedra es poco mas que nada para ser una ofrenda, se equivocan, ya que no está en la piedra misma el obsequio, sino en el esfuerzo de cargarla hasta la cima y hacer con ella una apacheta, una especie de promontorio, piedra sobre piedra, ofrenda sobre ofrenda, una especie de modesto menhir. Claro que este rollo no le hizo gracia a algunos (Enrique recogió su ofrenda 5 metros antes de la cima¿?). En este lugar hicimos la apacheta y brindamos con vino de caja, la tierra también brindó con nosotros, pero al parecer no éramos los primeros errabundos en rendirle culto a ese cerro, a un costado de nuestro "menhir", observamos un arreglo de piedras, puestas hábilmente en forma circular, además de restos de vajilla cerámica; se nos habían adelantado, ¿que tanto? no lo sabemos, quizá años, quizá siglos... dejamos ese pensamiento a un lado y continuamos camino. Ahora todo era descenso, ya entrábamos a la quebrada Carnero. Esta parte del recorrido es especial pues es donde se aglomeran las formas rocosas mas singulares de toda la caminata. Apenas descendemos en la quebrada cuando nos topamos con una piedra piramidal de un metro de altura aproximadamente, esto llamó nuestra atención rápidamente y nos quedamos un momento contemplándola, unos metros mas abajo, encontramos dos piedras mas, con las mismas características piramidales, casi perfectas diría yo, estas ultimas eran un poco mas pequeñas que la anterior. Seguimos internándonos en la quebrada, bajando por la ladera llena de rocas, cuando nos damos cuenta que estamos sobre una con forma de luna en cuarto creciente y mas abajo había otra similar, pero mas pequeña. A estas alturas de la caminata ya estaba viendo con buenos ojos el paisaje, diferente del verdor de los cerros de la sierra y sus caminos pulcros, pero con un atractivo particular, solamente nosotros rompíamos el silencio reinante. Casi llegando a la parte donde la quebrada continua horizontalmente, nos topamos con un arreglo de rocas que asemejaban una gran mesa con cuatro sillas a los extremos. Pasada esta etapa del camino, entramos a una zona de arenal, evidente cauce de un río en épocas de lluvia, por estas tierras se notan las cicatrices de viejos huaycos, surcos profundos por los que caminamos hasta mas allá del cerro Campana. Esta vez Jesús y Luis dedicaron mas tiempo a buscar sus preciosos cactus y a discutir si tal era un Echinocereus o un Pediocactus, o nombres mas raros aun. A lo lejos vimos unos puntos negros, formas de construcciones, pero el polvo gris flotando en el ambiente filtra nuestra visión. Cuando ya estuvimos lo bastante cerca pudimos darnos cuenta que eran un par de galpones para criar pollos, que por su aspecto parecían abandonados. Al frente de estos galpones se alza un cerro que nos ofrece una pared vertical, toda de roca pulida, como si hubiera sido cortada por el tajo de una gran espada. Mas adelante encontramos huellas de llantas, un camión quizá, que usaba estos cerros como cantera para sacar piedra u hormigón, eso es común alrededor de Lima. La quebrada se va ensanchando y al fin, luego de mas de 6 horas podemos apreciar a lo lejos unas casas rusticas, señal de que ya estamos cerca del fundo Cassinelli. Cuando entramos en este pueblo la gente se admiró de vernos venir del este, puesto que por allí solo hay cerros, y del otro lado del pueblo que da a la carretera, se levanta un portón y solo entran personas que tienen sus predios allí. Sintiéndonos visitantes clandestinos, furtivos, encontramos una camioneta que salía con pasajeros rumbo a Lima, así que abordamos en ella sin preámbulos y en dos minutos ya estábamos en la carretera a Canta, nos ahorramos 500 metros, de los mas de 20000 que habíamos trajinado, pero valió la pena.
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