EL mito de Canchón
Esta era una pareja de esposos que vivía cerca del pueblo de Pampas, el altísimo Canchón y la bella Huascarán quienes tuvieron 32 hijos. Huascarán cocinaba en ollones pero no se daba abasto para alimentar a sus 32 hijos y a Canchón. La bella hechicera Sutoc sedujo a Canchón preparándole una exquisita comida, entonces Canchón infiel a sus deberes conyugales mantuvo relaciones con la bruja Sutoc. Celosa Huascarán decidió abandonar a su marido vengándose cruelmente de él, pero su rival adivinó sus intenciones y procuró aislarla de Canchón. Caullo, sobrino de Sutoc, quedó enamorado de la bella Huascarán, y una vez que esta le revelo su intención, se hicieron aliados. Supo Huascarán que Canchón pernoctaría en casa de Sutoc esa noche, entonces emprendió la búsqueda en compañía de Caullo. Entraron a la casa sigilosamente y encontraron a la pareja durmiendo, al instante Caullo vendió los ojos y tapó la boca de Sutoc y se lanzó furiosamente sobre Canchón oprimiéndole el cuello, mientras Huascarán atando sus extremidades utilizó un cuchillo para extirparle el órgano viril, desde lejos los hijos oyeron los aterradores gritos de su padre pero llegaron tarde para auxiliarlo. Mientras Caullo contemplaba atónito a la víctima, recibió la maldición de su tía la hechicera Sutoc: "no vivirás, tu esqueleto me servirá de estaca para amarrar a mis animales y pincullo te llamaras", y al instante convirtiose en un pincullo. Al contemplar esta tragedia, los dioses se enojaron, entonces la misma suerte corrieron todos. Canchón convirtiose en el mas bello atalaya de la región y en peñascos dispersos su órgano viril, a corta distancia, Sutoc en otra cumbre con el embrujo de su collar a manera de piedras de coral, desde entonces viste de luto la cordillera negra. Huascarán con el firme propósito de abandonar su hogar, fugó portando a espaldas a su hijo menor, sin dar oído al llanto de sus demás hijos que partieron tras ella, logrando los mas ágiles interceptar su camino. Huascarán que viajaba de norte a sur, hizo un descanso en Asiac, perdió uno de los pañales de su bebe el cual se convirtió en un manto de nieve que dio origen a la laguna Conococha. Sus hijos a medida que se atrasaban se convertían en picos nevados, finalmente en las alturas de Yungay, Huascarán también se convirtió en nevado, encadenada a sus hijos que forman la cordillera blanca, Huandoy y Hualcan a la vanguardia, Huantzan y Yerupajá a la retaguardia, ellos custodian a la bicéfala por tener cargada a su criatura mas querida.
Por Percy Rodríguez.
Sábado 02/10/99:
Como se habrán dado cuenta, soy el único participante de este viaje ¿porqué?, nadie tenía tiempo y yo tenía unas ganas de conocer este lugar . Fui informado de este sitio por un primo que vive en Huaraz, así que viajé hasta allá. Estuve a las 4pm. en Huaraz, ciudad que me recibió con una lluvia fuerte, me alojé en casa de mi primo.
Domingo 03/10/99:
A las 8am fui a tomar el camión, propiedad de una compañía minera que transporta materiales para la mina y que trepa por la cordillera negra hasta los 4200m, su destino, las minas de Huinac, allí me bajé. La noche anterior se podía ver desde Huaraz los puntos mas altos de la cordillera negra cubiertos de nieve, esto solo dura un par de días. Estando en Huinac me informé sobre el camino y al poco tiempo ya estaba transitándolo, este lugar es una llanura sin fin, un suelo casi plano. Siempre con mi mapa y brújula en mano, estaba tanteando el lugar. Ya casi a las 5pm decidí acampar luego de haber caminado unas 4 horas aproximadamente, ya que en la puna el frío es intenso y con la ropa húmeda lo es mas. Aproveché el tiempo en mi carpa para terminar de leer "Cantar de Agapito Robles" de Manuel Scorza, cené y me acosté temprano.
Lunes 04/10/99:
Empaqué todo, según el mapa y mis cálculos, estaba apoco mas de 1 hora de Canchón, así que con las fuerzas repuestas seguí caminando por esa pampa extensa, la soledad y el silencio de esos lares es impresionante. Después de un tiempo pude ver a la distancia tres grandes rocas que acababan en punta y sobresalían del horizonte, era Canchón, llegando hice algunas tomas y comí algo. Desde este lugar empieza un camino descendente hacia la costa, empecé a bajar y a hallar indicios de vida: chacras, pisadas y mas abajo un caserío llamado Pachuas, allí me indicaron que el pueblo donde llegaba el carro para salir a la panamericana norte estaba mas abajo y se llamaba Jaqui, así que seguí bajando tranquilamente y me detuve un momento para almorzar. Luego de un par de horas mas de camino llegué a Jaqui y por el movimiento parecía ser día de fiesta, después me enteraría que se trataba de semana de fiesta. Entonces lo primero que hice fue buscar carro, grande fue mi sorpresa al enterarme que los carros bajarían a partir del jueves, solo cuando la fiesta empieza a decaer. Estaba condenado a pasar tres días mas no previstos, así que rápidamente busqué un alojamiento (un techo donde poder armar mi carpa), personas amables en la sierra es lo que sobra y no fue difícil encontrar una casa. Ya que me quedaría mas tiempo, averigüé si habían sitios arqueológicos o algún lugar de interés turístico. Ya estaba planeado, el martes iría a la cueva de los loros y el miércoles al cerro San Cristóbal donde hay unas ruinas preincas.
Martes 05, Miercoles 06/10/99:
Visité los lugares mencionados antes, además de compenetrarme en la fiesta del pueblo, experimentar que no se puede detener a un toro jalando de una soga porque te lleva como papel, vi algunas peleas de toros, quema de castillos, hasta jugué una pichanga con los chiquillos del pueblo.
Jueves 07/10/99:
Día del retorno, una camioneta custer saldría a las 8am con destino al puerto de Huarmey aun en Ancash, me despedí de los amigos que hice es esos días y ya estaba extrañando Jaqui cuando llegué a Huarmey, allí tomé un bus para Lima y en el camino me puse a recordar el mito de Canchón.